Galileo y el arte de envejecer

Adam Ford
Ensayo
Siruela. 2017
ISBN: 9788416964468

«¿Qué conclusiones sacaremos de nuestra breve existencia en este mundo transitorio? La vida llega y se pasa volando. En la infancia, el tiempo casi no avanza: falta una eternidad para las siguientes Navidades, la fiesta de cumpleaños de la próxima semana tarda años en llegar. Después, conforme crecemos, el tiempo comienza a ganar velocidad: los cumpleaños se suceden con persistencia cada vez más deprisa; los otrora niños de repente han alcanzado la mediana edad. Sin embargo, creo que hacerse mayor está lleno de compensaciones inesperadas: hay más tiempo para vivir de modo consciente, más tiempo para pensar; hay tiempo para dedicarse a ciertas aficiones que quedan excluidas de una vida ajetreada, en mi caso, el cielo nocturno.»

«Cuando era joven, el estudio del cielo nocturno me absorbía y me apasionaba de verdad y ahora, que ha pasado más de medio siglo, me encuentro con que aún me asienta el espíritu alzar la vista, buscar a las constelaciones y contemplar la lejanía de las estrellas, y me maravillo ante su longevidad y los grandes vacíos que las separan.
¿Ya es miércoles otra vez? Hacerse mayor es un proceso extraño. El tiempo vuela, una semana se te pasa en un ¿suspiro: los que somos más mayores nos sentimos exactamen­ te igual que cuando teníamos diecisiete años… hasta que nos vemos el pelo gris en el espejo o nos fijamos en la piel del dorso de las manos, con unas cuantas arrugas y lunares (“¡Cie­los! Mis manos tienen justo el aspecto con el que recuerdo las de mi padre”, me sorprendo pensando). Salgo mucho a cami­nar, a diario, y me encanta…, pero me doy cuenta de que en­ seguida me canso al subir una pendiente, me pesan las piernas y me detengo a recobrar el aliento, asombrado por que pueda agotarme tanto con una actividad tan ordinaria como esa. No me queda otra que reírme y aprender a tomarme las cuestas con un poco más de calma.»