Nadar en aguas abiertas

Tessa Wardley
Ensayo
Siruela. 2017
ISBN: 9788417041557

«Una vez dominamos el arte de nadar, descubrimos la liberación que trae consigo la ingravidez y nos adentramos en un universo profundamente íntimo donde se alcanza con facilidad un estado mental de meditación. Nadar en aguas abiertas eleva esta experiencia a un nivel aún más intenso, en el que residen el descubrimiento de uno mismo y la realización personal, y de ese modo genera profundos efectos en la mente y el espíritu. Si estás dispuesto a aventurarte en una especie de obsesión por el agua, zambúllete en tu propio viaje por las aguas abiertas. ¡Lánzate!»

«A todo el mundo le encanta nadar. Jóvenes o viejos, fofos o esbeltos, fuertes o débiles: para el agua, todos somos iguales. Pero ¿qué nos hace volver a ella una y otra vez? A mí me basta el saber que siempre salgo del agua sintiéndome feliz.
Cuando tenía tres años, mi madre me llevó con ella a la piscina cubierta de nuestra localidad. Me fui directa a la parte más honda y salté del bordillo. Jane, la instructora, valoró por fortuna mi entusiasmo, pero a buen seguro puso los ojos en blanco cuando me enganchó por la parte de atrás del traje de baño y emprendió la tarea de enseñarme a nadar. Tuve suerte de que mi madre quisiera que yo nadase, y suerte de contar desde una edad tan temprana con una profesora de natación y entrenadora que infundiese tanta inspiración. Nadé con Jane durante todo mi periodo escolar, y en la adolescencia ella me avergonzaba delante del club de natación contando la historia de nuestro primer encuentro y de cómo le tocó rescatarme de lo más hondo de la piscina. Fui una alumna difícil, sin la menor duda: los recuerdos de mis primeras clases de natación están envueltos en un velo de agua; las imágenes destellan y se arremolinan cuando en mi imaginación miro fijamente a mi profesora pronunciando sus sabias palabras. No estoy segura de cómo se enseña a una niña que se empeña en mantener la cabeza debajo del agua, pero, felizmente, ella perseveró e infundió en mí aquel inmenso gozo de nadar que supondría el pistoletazo de salida de mis aventuras acuáticas.»