Saga Vampire Academy (3 títulos)

Sangre azul
Richelle Mead

Novela
Alfaguara. 2010
ISBN: 9788420423623
9788420494296 (epub)

«No creí que el día pudiese empeorar hasta que mi mejor amiga me dijo que podría estar volviéndose loca. Otra vez.
Yo… ¿qué has dicho?
Me puse en pie en el vestíbulo de su edificio, inclinada sobre una de mis botas, ajustándomela. Levanté la cabeza de golpe y la miré a través de la maraña de pelo oscuro que me tapaba la mitad de la cara. Me había quedado dormida después de clase y había pasado de peinarme con tal de salir por la puerta a tiempo. Lissa me observaba entretenida, con esa melena rubia platino suya, perfecta y sin un pelo fuera de sitio, por supuesto, que le caía sobre los hombros como si fuese un velo nupcial.

He dicho que me parece que las pastillas ya no me hacen el mismo efecto que antes.
Me erguí y me sacudí el pelo de la cara.
¿Qué significa eso? —le pregunté. A nuestro alrededor, los moroi pasaban a toda prisa camino de ver a sus amigos o de cenar—. ¿Has empezado…? —bajé la voz—. ¿Has empezado a recobrar tus poderes?
Lo negó con la cabeza, y vi un leve brillo de lamento en sus ojos.».

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Bendecida por la sombra
Richelle Mead

Novela juvenil
Alfaguara. 2011
ISBN: 9788420407296
9788420494500 (epub)

«Las yemas de sus dedos se deslizaron por mi espalda sin apenas ejercer presión y, aun así, provocaron una onda expansiva que me recorrió todo el cuerpo. Despacio, muy lentamente, sus manos se desplazaron por mi piel, descendieron por mis costados hasta descansar por fin sobre las curvas de mis caderas. Justo debajo de mi oreja sentí la presión de sus labios contra mi cuello, seguida de otro beso debajo del primero, y después otro, y después otro…
Sus labios se dirigieron desde el cuello hasta la mejilla, y por fin encontraron mi boca. Nos besamos, nos entrelazamos y apretamos el uno contra el otro. La sangre hervía en mi interior, y en ese momento me sentí más viva que nunca. Le amaba; amaba tanto a Christian que…
¿Christian? No, por favor.
[…]

Las cosas, sin duda, habían cambiado. Hace mucho tiempo, eran las pesadillas de Lissa lo que me despertaba de mi sueño. Ahora lo hacía su vida sexual. Decir que ambas situaciones eran un poco diferentes sería quedarse corto. La verdad es que le había cogido el tranquillo a bloquear sus interludios románticos, al menos cuando estaba despierta. Esta vez, Lissa y Christian habían logrado —sin intención alguna— burlar mis defensas. Durante el sueño tenía la guardia baja, y esto permitía que las emociones intensas atravesasen el vínculo psíquico que me conectaba con mi mejor amiga. No hubiera sido un problema de haber estado ambos en la cama como la gente normal, y con «estar en la cama» quiero decir «durmiendo».
[…]

—No —dije en voz baja. Tenía que estar viendo visiones—. No. Por una décima de segundo, me pregunté si en algún momento había llegado realmente a despertarme. Quizá seguía en la cama, en realidad, dormida y soñando. Porque sin duda, sin duda ésa era la única explicación de lo que ahora mismo estaba viendo delante de mí, allí, sobre el césped de la academia, merodeando en la sombra de un roble retorcido, ancestral. Era Mason.
[…]

Hubo una época en el pasado en que eran más los moroi —realeza y no realeza por igual— que hubieran tenido guardianes, y los novicios como nosotros habrían competido con dureza por ser asignados a alguien importante. Ahora se daba casi por sentado que todo guardián trabajaría para una familia real. No éramos suficientes para todo el mundo, y las familias menos influyentes se las arreglaban por su cuenta.
Durante siglos se había considerado algo similar a un pecado el que los moroi utilizasen la magia para luchar. Todo el mundo pensaba que había de usarse de manera pacífica. Recientemente, sin embargo, algunos habían empezado a cuestionarse tal extremo, en especial después de que Christian demostrase lo útil que había sido en la huida de Spokane.
[…]

Detrás de André había una gran extensión negra que crecía a un ritmo constante. Me señaló a mí, y después señaló hacia la oscuridad. Supe, sin entender cómo pero lo supe, que se trataba de la entrada al mundo de los muertos. El mundo del que yo había regresado. André —que tenía mi edad cuando murió— volvió a señalar. Sus padres se unieron a él. No hacía falta que hablasen para hacerme entender lo que me decían: «No deberías haber vivido. Tienes que regresar con nosotros…».
[…]

—Crees que estoy de broma, pero no es así. De veras quiero saber qué tal te van las cosas, siempre has resultado ser un tema fascinante para mí, Rosemarie. La única bendecida por la sombra de quien tenemos noticia. Ya te lo dije una vez, ése no es el tipo de cosas del que uno sale indemne. No hay forma de que te escondas en la estricta rutina de la vida académica. La gente como tú no está hecha para pasar desapercibida…
[…]

—¿Por qué me miras así? —me preguntó con una leve sonrisa. No podía contarle que acababa de ver al hombre que más la aterrorizaba. No podía contarle que mientras ella estaba por ahí pasándolo bien, yo había estado escondida y guardándole la espalda en las sombras, como haría siempre.

portada-vampire-academy-v-deuda-espirituDeuda de espíritu
Richelle Mead

Novela
Alfaguara. 2014
ISBN: 9788420415796
9788420416793 (epub)

«Hay una gran diferencia entre las amenazas de muerte y las cartas de amor, aun cuando la persona que te escribe las amenazas de muerte no deja de afirmar que te ama de verdad. Por supuesto, y teniendo en cuenta que yo misma intenté una vez matar a alguien a quien amaba, es posible que no tenga derecho ninguno a juzgar a nadie.
La carta de hoy había llegado en el momento perfecto, y tampoco es que hubiera de haberme esperado menos que eso. Ya la había leído cuatro veces, y, aunque ya me estaba haciendo llegar tarde, no pude evitar leerla una quinta.

Mi querida Rose:
Una de las pocas desventajas de que te hayan despertado es que ya no te hace falta dormir, y, por tanto, dejas de soñar. Es una lástima, porque, si pudiera soñar, sé que soñaría contigo. Soñaría con tu olor y con el tacto sedoso de tu cabello oscuro entre los dedos. Soñaría con la suavidad de tu piel y con el ardor de tus labios cuando nos besamos.
Sin los sueños, he de contentarme con mi propia imaginación, que viene a ser prácticamente lo mismo. Y me puedo imaginar todas esas cosas a la perfección, igual que soy capaz de imaginarme cómo será cuando me lleve tu vida de este mundo. Es algo que lamento tener que hacer, pero has sido tú quien ha convertido mi decisión en algo inevitable. Tu negativa a unirte a mí en la vida eterna y en el amor eterno no deja hueco a ninguna otra posibilidad, y no puedo permitir que alguien tan peligroso como tú siga vivo. Además, aunque forzase tu despertar, tienes ya tantos enemigos entre los strigoi, que alguno de ellos te mataría. Y si has de morir, será por mi mano. Por la de nadie más.
No obstante, te deseo buena suerte hoy con tu examen final, y no es que la necesites, en absoluto. Si de verdad te van a obligar a pasar por él, no es más una pérdida de tiempo para todo el mundo. Tú eres la mejor de ese grupo, y para esta tarde ya lucirás tu marca de la promesa. Por supuesto, eso significa que serás un desafío aún mayor cuando nos volvamos a encontrar, algo con lo que sin duda disfrutaré.
Y desde luego que nos volveremos a encontrar. Una vez graduada, te enviarán fuera de la Academia, y cuando salgas de las defensas, te encontraré. No hay lugar en el mundo donde te puedas ocultar de mí. Te estoy vigilando.
Con amor,
Dimitri.
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